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Cuando Sigmund Freud planteó la existencia de lo inconsciente, vislumbró los enormes aportes que tal conceptualización podía brindar a la clínica.

Algunos años después ya pudo orientarse hacia los alcances que permitía este hallazgo -en lo cultural, lo político, lo social, lo pedagógico- y la aplicación de los descubrimientos psicoanalíticos en el campo de las ciencias sociales y en relación a los problemas de la civilización.

Jacques Lacan, en su "retorno a Freud", reconceptualiza muchos de los principios freudianos y, en varios de sus seminarios, aborda nuevas perspectivas acerca del concepto de Inconsciente. Sus aportes referidos a tal tema enriquecen notablemente la teoría freudiana y tienen gran repercusión en la clínica.

Hoy, para dedicarnos a la vertiente de las consecuencias, podemos tomar como referencia tanto la hipótesis del inconsciente tal como Freud la planteara como las perspectivas que introduce Jacques Lacan en su enseñanza.

Entre las consecuencias que podemos derivar de dicho término, la primera, es ni más ni menos la práctica del psicoanálisis.

Muchas corrientes de la psiquiatría y de la psicología han planteado abordajes al sufrimiento humano. Lo que diferencia al psicoanálisis de estas prácticas, es, precisamente, partir de la hipótesis del inconsciente.

El psicoanálisis ha dignificado la escucha, y por ende ha dignificado la palabra. Pero esta escucha rechaza toda posición de Amo. Podríamos resumirla así: “Yo no sé, y por eso tú debes hablar”. Por este motivo el deseo del analista no es más que la otra cara de la pasión de la ignorancia. En efecto, “hace falta que el analista se muestre habitado por un deseo más fuerte que el deseo de ser el amo” (Jacques-Alain Miller, Psicoterapia y psicoanálisis, Revista Freudiana Nº 10, Barcelona, 1994). Es decir, no hay clínica sin ética. Cuando una práctica conduce al ejercicio de un poder, es porque su fundamento es la impotencia.

La práctica clínica del psicoanálisis se ha ido extendiendo desde su originario trabajo con las neurosis. Hoy se irradia desde los hospitales a las cárceles, desde los hogares de menores a instituciones para el tratamiento de urgencias subjetivas, desde un dispensario hasta el trabajo con evacuados en una catástrofe, desde un centro de atención a un juzgado de minoridad o a un colegio.

Otra de las consecuencias a tomar en consideración es el síntoma, esto es, aquello que no funciona. Su manifestación es diversa en cada época; cambia en la medida en que se modifican los discursos, los estilos de vida, los modos de goce, la cultura, o sea, lo que el psicoanálisis denomina el Otro. El inconsciente es un fenómeno de lenguaje -es el discurso del Otro- y, por ende, es histórico; trabajar clínicamente requiere estar abierto a la subjetividad de la época y a una civilización que se transforma. Esto implica formación, compromiso y audacia para abordar las nuevas envolturas formales con las que se muestran los síntomas del momento y del lugar donde se practica y para afrontar la traumática celeridad con que los fenómenos se imponen.

Hemos mencionado tal vez dos de las consecuencias más notables. Es imposible abarcarlas todas. Sin pretender ser exhaustivos, damos a continuación una lista de ejes temáticos que contemplan parte de ellas:

- El inconsciente es la política

- Formas actuales del malestar

- Subversión del sujeto

- El discurso del amo

- Inconsciente: verdad, saber y goce

- El estatuto ético del inconsciente

- Inconsciente y lazo social

- El inconsciente y los síntomas

- Una política del síntoma

- El objeto irreductible

- Lo traumático

- La gramática pulsional

- El rechazo de lo inconsciente

- La angustia según la orientación lacaniana

- Dos dimensiones: sujeto y parlêtre

- Síntoma y Sinthome

- Del inconsciente simbólico al inconsciente real

- Los desabonados del inconsciente

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