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Publicaciones sobre las Jornadas de EOL






El arbitrio humano comienza a ser declarado responsable de su acción, y por ende de sus consecuencias, dejando atrás la concepción de un poder superior que trasciende y domina el destino del hombre, y, por tanto, lo hace víctima mas bien que culpable de sus propios males.

Hasta entonces, los dioses o seres demoníacos eran los causantes de las perturbaciones espirituales del hombre. El tránsito hacia la interioridad pasa primero por la familia y luego –ya en épocas previas al Platonismo- se sitúa en el individuo.  El Sagrado discurso pitagórico enseña: "...avergüénzate frente a ti mismo, más que frente a los otros.”

Demócrito insiste en varios fragmentos sobre el particular (84, 244, 264) y luego, en El Banquete de Platón, Alcibíades dice haber aprendido una sola cosa de Sócrates: avergonzarse de sí mismo (216, b).  Tenemos así un brevísimo panorama de los orígenes de la vergüenza. ¿Cuál es su actualidad? , ¿Qué nuevas modalidades de goce la disipan, la atemperan, hasta –por momentos─ hacerla desaparecer?, ¿es posible aún –como lo pregunta Jacques Lacan en el Seminario XVII─ morir de vergüenza? ¿Cómo entender las palabras de Lacan cuando expresa que de nuestra posición de sujetos somos siempre responsables?  Entre aquella antigüedad y esta actualidad, hace algo más de un siglo, nace el psicoanálisis. Precisamente, para ocuparse de las perturbaciones espirituales del hombre y, a su vez, de sus consecuencias sobre el cuerpo y sobre los lazos sociales.  

Hoy, su práctica y lo que de ella se desprende como saber, nos permiten dar cuenta del fenómeno de la desvergüenza que, entre otros, marca a la época.  La mirada del Otro, ya no avergüenza, precisamente, porque ese Otro se ha desvanecido. El desvanecimiento de la mirada del Otro conlleva, precisamente, el todo puede ser mostrado. 

¿Qué aporta el psicoanálisis en tal encrucijada? Estamos llamados a responder a una realidad que dista enormemente de aquella en que Freud elaboró sus conceptos, aunque supo aportar una acción fundada en el campo del amor a la verdad. También es lejana de los años en que Jacques Lacan la preanunciaba cuando demostró que la vergüenza pertenece a otro campo.  

El psicoanálisis es un discurso que no brinda coartadas al malestar actual y, al mismo tiempo, trata de encontrar el qué hacer con ese irreductible propio de la época. Esta es la política del psicoanálisis, señalar, marcar lo real en juego, y operar sobre ello, lo que supone poder tramitar y aliviar las servidumbres del goce, ya que el discurso dominante ordena a los sujetos no avergonzarse de su goce aunque sí de su deseo.  

"La desaparición de la vergüenza significa que el sujeto deja de estar representado por un significante que valga". (...) "...a través de su inscripción como S1 el sujeto puede engranar con un saber y con un orden del mundo donde tiene su lugar..." (...) "...el significante está tocado. La propia palabra es degradada en el par escucha y palabrerío. Lo que se trata de preservar en la sesión analítica es un espacio donde el significante conserve su dignidad". (Jacques-Alain Miller – "Notas sobre la vergüenza" – Freudiana nº 39 – Barcelona, 2004 – págs. 14, 15 y 23).

Por otro lado, también sobre el psicoanalista recae el tema en cuestión, y de allí que J. Lacan, en La Instancia de la letra..., así como en la Proposición del 9 de octubre de 1967 escriba sobre la honestidad en nuestra práctica.  Invitamos a todos los colegas y, además, a quienes se hayan dedicado a estudiar sobre el tema, a ofrecernos sus elaboraciones en torno a estas cuestiones candentes: la subjetividad de la época y las nuevas formas del malestar. 

Comisión Organizadora: Norah Pérez, Silvia Puigpinós. 
Comisión Científica:  Marcela Romero, Ricardo Seldes, Jorge Yunis.

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